La educación es un mecanismo indispensable
para la inclusión social, es a través de ella que los jóvenes pueden formarse y
tener la posibilidad de insertarse en la sociedad a través de un empleo o
profesión, es por eso que la educación debe ser libre y gratuita para que todos
los sectores sociales puedan acceder a ella.
Un niño que no tiene la posibilidad de
educarse es un niño excluido de la sociedad, marginado y eso es una injusticia.
Por supuesto que ahí no acaban los problemas, la educación además de libre y
gratuita debe tener el mismo nivel de excelencia que la privada, porque si no estamos
nuevamente frente a una falta de equidad en cuanto a las oportunidades que
tienen los niveles altos de la sociedad y los pobres, es de asumir la educación
como elemento integrador entre el individuo y la sociedad es reconocer el
principio filosófico de la educación y su modo de operar en la realidad
concreta donde el ser humano se desarrolla. Según Morín (2002) “El
conocimiento pertinente es el capaz de situar toda información en su contexto
y, si es posible, en el conjunto que ésta se inscribe.” Ahora bien
todos los problemas particulares no pueden plantearse y pensarse correctamente
si no es en su contexto. Sucede pues, y es importante señalar que la educación
se ha convertido en un instrumento social, producto del sistema de la educación
venezolana.
Evidentemente, las políticas socioeducativas,
han mantenido posturas ideológicas alienables y asumidas en los enfoques curriculares
de formación docente, ya que educarse es un derecho que toda persona debe tener
y es un deber del estado proporcionar los medios para que este derecho pueda
hacerse efectivo. Por esta y otras razones, la educación debe ser más humana y
menos técnica. El educador es un catalizador de su entorno, desde su espacio
geográfico hasta las vivencias sociales y psicológicas de los individuos a
formar. En todo caso, el reto es educar
individuos que piensen, que reflexionen, que reconozcan su medio e
interactúen con él con solidaridad; en definitiva, que sean individuos visionarios, capaces de
tomar acertadamente sus propias decisiones. Este es el momento para que la
educación venezolana se ponga a tono para enfrentar los retos del siglo XXI.
Por otra parte, la acción docente en el aula
demanda una mejora, pero para que esa mejora pueda traducirse en un hecho, es
necesario desarrollar una nueva visión de los procesos de formación que exprese
su complejidad y naturaleza, esa nueva visión deberá promover la independencia
de pensamiento y la creatividad, respetuosa de la diversidad cultural, sobre
la base de la cooperación y la promoción de esfuerzos colectivos,
generadores de la creación de escuelas de conocimientos, que sean líderes en
áreas específicas y en estrecha relación con el desarrollo social.
Nancy
Ortuño